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La Guerra Del Cine.

La fiesta del Cine 2013, vino, mostró y venció.

Entradas a 2,90 durante 3 días.  Chupinazo.

Se plantea un sedudo debate sobre si es algo puntual y anecdótico o si bien es algo que pudiera repetirse y reproducirse con idénticos o similares resultados, pivotando siempre sobre la idea de la “piratería” como el eje del mal del abandono de salas.

Entonces llegan Cinesa y Yelmo y hacen lo siguiente: Entradas a 3,50 durante 3 días.
Resultado: Cuatriplican espectadores, mejor semana de la historia mundial, lo que vienen a ser cerca de 300.000 entradas vendidas entre las 2 cadenas  en 3 días. Es decir, el fucking cisma.

O sea, Rafa Mora, proclamándose a si mismo cual Generalísimo: El Destroza Salas Me Llaman.

Entonces reabrimos el debate. La cuestión del debate pareciera que se desliga totalmente del “La piratería está matando al cine y ante eso, sólo cabe buscar nuevas ventanas de exhibición (las online, se entiende)” y se ha experimentado un realineamiento tal que el razonamiento actual fuera “Hostia puta, si ponemos las entradas a un precio asumible para el espectador, y aunque reducimos de techo a suelo el margen de beneficio destrozamos las salas “. Ole sus cojones, claro, si puedo comprar un Mercedes SLS 65 Amg por 30.000 euros en vez de por 165.000, pues póngame tres.

Francamente me hace mucha gracia la hipocresía de que nadie relacionara tan abiertamente la fuga de espectadores con el precio de las entradas, en vez de argumentar ad nausea  el “si puedo tenerlo gratis ¿para qué pagar por él?”, o “es que el español lleva la picaresca en las venas, es su idiosincrasia de pilluelo la que le empuja a todo lo que es gratis mola“.

Álvarez Cascos Mendrugo

“Ale, las migas me las guardo pa luego espurreármelas por el chaqué”

Ahora bien, el pueril comentario que se deriva del análisis de precio alto – fuga masiva tan sólo contempla a una de las partes, la del consumidor/espectador; evitando de lleno un concepto muy simple: la sostenibilidad.

El consumidor, en todos estos años no ha tenido que hacer nada más que lo mismo de siempre: aguantar el tirón de la subida del precio del servicio; o sea, asumir el encarecimiento de la vida.

En cambio, los exhibidores, han tenido que lidiar en dos batallas bien distintas; Por una parte, sufragar y asumir los costes y riesgo de invertir en los obligados avances tecnológicos como puedan ser proyectores digitales, de 3D, de 48fps, Dolby bien puesto, su poquito THX… etc. Por otra parte, han visto una ampliación del nicho de mercado local a internacional, pasando de ser ellos y el videoclub, a competir frontalmente con los nuevos chicos del barrio es decir satanás hecho ventana de exhibición o internet, o filmin, o the pirate bay, o el mantero (además del auge e implantación de los home cinemas). Y como siempre por detrás, las majors a lo suyo, o me compras la mierda en pack o no te vendo la merca buena, y te quedas sin el blockbuster único que los traerá a todos a las salas.

En esta guerra por llenar las salas, el aliado previsible de la SGAE  autoinmolado meses atrás en un sonado escándalo de corrupción y desfalco perpetrado por los chicos de Teddy Bautistagoetxea,  auspiciadores del impuesto revolucionario en forma de traba legal, no parece pintar ahora mucho en este cambio de paradigma en el debate. ¿Y la ley sinde? Pues eso, un sindios. El precio es lo único que importa. Aclarado y asumido esto, la calidad de las películas siempre oscilará entre vanguardia checa y Beverly Hills Chihuahua, como ha pasado de siempre, que el slapstick convivía con Griffith y Chinatown con Cheech y Chon. ¿Pero y el precio? ¿Debe pagarse lo mismo por unas películas que otras?.

Hace unos meses, Spielberg y Lucas, debatían sobre si debería pagarse lo mismo por ver una peli que cuesta producir 100 millones de euros protagonizada por Channing Tatum que por una low cost grabada con DSLR e iluminada con la luz de un flexo del ikea rebotada. Se desprende que no parece que el precio unificado pueda ser algo que se sostenga en el futuro, sobre todo si tenemos en cuenta el pleno al quince de hostiazos en taquilla que hemos vivido este verano y que previsiblemente viviremos con mayor frecuencia en el futuro.

Que no se trata de abrir brechas entre clases, ojo, pero del mismo modo que un Bugatti Veyron no cuesta lo mismo que un Seat Ibiza, quizás no debiera pagarse lo mismo por ver unas y otras cosas. En cualquier caso, aquí la cuestión es si es sostenible prolongar la bajada de precios y el supuesto pacto de precios a lo camorra que eso implicaría o bien seguir buscando fórmulas magistrales de exhibición en la que las salas puedan seguir abiertas.

¿Sería por ejemplo arriesgado plantear que a cada circuito lo que es de cada circuito de exhibición, pese a que Albert Serra, se muestre disconforme? ¿Las cosas cuestan lo que cuestan, o lo que cuesta pagarlas entre todos? ¿Cuál sería la proporción  de pago en una peli de Roland Emmerich en la que destruye el universo en comparación con Extraterrestre de Vigalondo?

Albert Serra JP4

Albert Serra valorando un concept art de Stan Winston´s Studio para su próximo film: Jurassic Park IV -3D.

Quizás algún día podamos vivir el sistema unificado de precios en museos, y pagar los mismos 6 euros por visitar el Louvre que por entrar al Museo del Chocolate y maravillarnos extasiados con el Ronaldinho de chocolate a escala 1/2.

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